domingo 22 de noviembre de 2009

Como Penélope...

paso las horas tejiendo y deshaciendo mi trabajo. Y así pierdo la cuenta de los días que quedan para que vuelvas.

lunes 16 de noviembre de 2009

Amor fugaz

Debía de ser amor.
Le gustaba de ella cada pequeño detalle.
Los ojos almendrados. Sus lecturas. La media sonrisa en el reflejo del cristal. El olor a colonia de bebé. La música que escuchaba (tan alto que a veces le llegaba el sonido a través de los auriculares del i-pod). La boca húmeda por el brillo de labios.
Disfrutaba cuando la veía cojear con gracia por el pasillo. Porque sus pasos torpes anunciaban un episodio más de su historia.
Diez minutos al día sentados en el mismo vagón de metro hacían indudable la cuestión. Estaba enamorado.
Pero esperaba en vano que ella lo adelantara de camino a la salida. Qué importaba con que pretexto. Un cigarrillo. La hora. ¿Qué pasillo lleva a la línea 1?
Hasta que un día -quién sabe con qué pretexto- desapareció.

sábado 14 de noviembre de 2009

El misterioso caso del señor Juan

Esta mañana el señor Juan no abría la puerta. Me he despertado con la alarma de los vecinos. Que Juanito no puede salir solo. Que Juanito padece del corazón. Que sus sobrinas no saben nada de él desde hace unos días.

Bomberos, Samur y policía en un momento.

Yo pensaba en lo triste que ha de ser morir solo. Notaba ya el olor a cadáver.¡Pobre hombre! Lo he matado antes de tiempo... porque nada se sabe del señor Juan.

¿Acaso se habrá volatilizado?

Sin duda, un buen argumento para una novela de misterio, pero nunca me ha gustado el género policíaco.

Prefiero contar que mi vecino, el señor Juan, se levantó hoy con ganas de hacer footing. Y salió a la calle dejando en el sillón el pellejo de sus 90 años. Porque nadie podía hablarle ya de lo imposible en el silencio de la sala de estar.

(Cuando vuelva, se encontrará todo el follón).

sábado 7 de noviembre de 2009

Frío

Dicen que el frío propicia las casualidades.
Yo tenía ganas de que llegara.
De sentir el calorcito del edredón en la cama al llegar a casa por la noche.
De ponerme la bufanda, el gorro de lana.
De que me diera el viento helado en la cara.

lunes 26 de octubre de 2009

Quiero saber si...

La invitación

No me interesa saber a que te dedicas. Quiero saber qué es lo que añoras y si te atreves a soñar o alcanzar lo que tu corazón ansía.

No me interesa saber que edad tienes. Quiero saber si te arriesgarás a parecer una loca por amor, por tus sueños, por la aventura de estar viva.

No me interesa saber que planetas están cuadrando tu luna. Quiero saber si has tocado el centro de tu propia pena. Si has estado abierta a las traiciones de la vida o te has vuelto marchita y cerrada por miedo a más dolor.

Quiero saber si te puedes sentar con dolor, tuyo o mío, sin moverte para esconderlo, diluirlo o arreglarlo. Quiero saber si puedes estar con alegría, tuya o mía, y si puedes danzar libremente y dejar que el éxtasis te llene hasta las puntas de los dedos de tus manos y de los pies, sin advertirnos de ser cuidadosos, ser realistas o recordar las limitaciones de ser humano.

No me interesa si la historia que me estás contando es verdad, quiero saber si puedes desilusionar a otros por ser sincera contigo misma, si puedes resistir la acusación de traición y no traicionar a tu propia alma.

Quiero saber si puedes ser fiel y por lo tanto confiable. Quiero saber si puedes ver belleza hasta en los días feos (...) Quiero saber si puedes vivir con fallos, tuyos y míos, y todavía pararte en la orilla del lago y gritar a la luna llena plateada…¡Si!

No me interesa saber dónde vives, ni cuánto dinero tienes (...) No me interesa saber quien eres, ni porqué estás aquí. Quiero saber si te puedes parar en el centro del fuego conmigo sin encogerte. No me interesa dónde, qué, o con quién has estudiado, quiero saber si te sostienes desde adentro cuando todo se cae a tu alrededor.

Quiero saber si puedes estar sola contigo misma y si verdaderamente disfrutas la compañía que mantienes en tus momentos de soledad.

Khalil Gibrán, Líbano 1883-1931

jueves 1 de octubre de 2009

El sueño

Chuang Tzu soñó que era una mariposa y no sabía al despertar si era un hombre que había soñado ser una mariposa o una mariposa que ahora soñaba ser un hombre.

Yo sueño que soy un Peter Pan de carne y hueso que no ha de crecer y no tiene que cargar con todas esas responsabilidades que la sociedad pretende imponernos por sistema y al despertar cada mañana no sé si soy realmente Peter Pan o Wendy, y si no será a mediodía cuando sueñe que soy la persona que a todos les gustaría que fuera.

lunes 14 de septiembre de 2009

Corazones

Hace ya mucho tiempo de aquella noche, no había consuelo para mí, pero mi amiga se quedó sentada a un lado en un banco de la plazoleta, en el mismo barrio donde habíamos crecido. Y me contó una historia que no he podido olvidar.

Un dia un hombre joven se situó en el centro de un poblado y proclamó que él poseía el corazón más hermoso de toda la comarca. Una gran multitud se congregó a su alrededor y todos admiraron y confirmaron que su corazón era perfecto, pues no se observaban en él ni marcas ni rasguños.
Pero un anciano se acercó y dijo: "¿Por qué dices eso, si tu corazón no es tan hermoso como el mío? Sorprendidos la multitud y el joven miraron el corazón del viejo y vieron que, si bien latía vigorosamente, éste estaba cubierto de cicatrices y hasta había zonas donde faltaban trozos y éstos habían sido reemplazados por otros que no encajaban perfectamente en el lugar, pues se veían bordes y aristas irregulares alrededor. Es más, había lugares con huecos, donde faltaban trozos profundos. La gente se sobrecogió, ¿cómo podía él decir que su corazón era más hermoso?
El joven contempló el corazón del anciano y al ver su estado desgarbado, se echó a reir.
-Debes estar bromeando -dijo. -Compara tu corazón con el mío... El mío es perfecto. En cambio el tuyo es un conjunto de cicatrices y dolor.
- Es cierto, -dijo el anciano -tu corazón luce perfecto, pero en el mío cada cicatriz representa una persona a la cual entregué todo mi amor. Arranqué trozos de mi corazón para entregárselos a cada uno de aquellos que he amado. Muchos a su vez, me han obsequiado un trozo del suyo, que he colocado en el lugar que quedó abierto. Como las piezas no eran iguales, quedaron los bordes por los cuales me alegro, porque al poseerlos me recuerdan el amor que compartimos. Hubo oportunidades, en las cuales entregué un trozo de mi corazón a alguien, pero esa persona no me ofreció un poco del suyo a cambio. De ahí quedaron los huecos - dar amor es arriesgar, pero a pesar del dolor que esas heridas me producen al haber quedado abiertas, me recuerdan que los sigo amando y alimentan la esperanza, de que algun día -tal vez- regresen y llenen el vacío que dejaron ¿Comprendes ahora?


Aquella noche, me pareció una bonita historia, nada más. No sabía yo que había quedado un primer hueco vacío en mi corazón y que, más tarde, se seguiría llenando de rasguños y heridas. Algunas curaron; otras, han quedado abiertas. Y sangran. A veces, está todo desencajado. Y duele.

Sin embargo...